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la vida de Ana García de Loza entre aulas, atletismo y libros


Ana García Pérez (Loza, Coaña, 1962) fue niña en su pueblo, adolescente en Mieres, joven rebelde en Oviedo y se hizo mayor y sentó la cabeza, aunque sin dejar de soñar, en el Colegio Meres. Allí encontró un sueldo, niños a su cargo y muchos kilómetros por delante, porque tenía una obsesión: el atletismo. Corrió en las pistas de San Gregorio, primero como atleta y después como entrenadora, con mano de hierro en guante de seda y capacidad para moldear campeones. El colegio encauzó su vida, vio pasar a miles de alumnos y le inoculó también el virus de la literatura. Entonces se convirtió en Ana García de Loza, en homenaje al lugar donde nació, apenas vivió pero al que siempre regresó, y así firma sus cuatro novelas y artículos publicados en este diario. «Nací en Loza, me crié en Mieres, entrené y corrí mucho en el CAU, en pleno Oviedo, donde viví feliz 16 años, aunque hace tiempo que estamos en La Fresneda», resume. «Soy ciudadana de Asturias», dice mientras visita con el periódico el colegio. Ahora ha echado el freno de mano, se ha quitado el chándal –aunque se lo vuelve a poner para la foto– porque se jubila y tiene tiempo para escribir y ejercer de abuela. Lo último es un libro sobre la historia del Meres que presentará el 5 de octubre en el Club LA NUEVA ESPAÑA.


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